lunes, 28 de enero de 2008

Volver a amar

Llegó tarde al hospital, ayer le costó dormir, pensó en ella toda la noche. Sube corriendo las escaleras, ve muchos rostros distintos que no conoce y más de alguno se anima y le consulta por alguien que él desconoce, en realidad no hace mucho esfuerzo en intentar recordar si aquellos pacientes son suyos, está atrasado. Llega tarde para encontrarse con sus jefes en la visita de la mañana, ya termino la primera pasada, por lo que debe dirigirse a la reunión de los enfermos con cáncer. Está vestido con ese terno blanco y esa camisa morada que le encanta y que ella le ayudo a elegir, su delantal está arrugado y lo lleva puesto desordenado por el apuro.

Así es como empezó el día después de perder la fe. En realidad no la había perdido totalmente, pero faltó poco, solo una frase, y él la había pedido.
El día transcurrió tal como los otros, corriendo de un lado a otro, escuchando, tocando, pensando y actuando. Este rubro no le deja mucho para pensar en días pasado y quizás eso él lo interprete como que el trabajo lo hace sentir mejor, mucho mejor. Sin embargo, el silencio siempre está presente, y durante ese día muchas veces se presento para que no olvidara que en su corazón hay una herida pendiente, que ya pensó y sintió las noches anteriores, pero que todavía le queda por vivir, en esos momentos para flanquear el golpe de los sentimientos ríe con violencia, y entonces el silencio se rompe. La verdad, cree que no todo es malo, por lo menos su historia la está viviendo con pasión, como la vida le ha enseñado a vivirla, y en último caso no esta aburrido en su casa o en alguna cueva perdida como lo hizo hace algún tiempo
No tengo intención de relatar lo que pensó ese día sobre su vida, ya que todo era tan volátil, confuso y lleno de emociones contrapuestas que ahora no tiene ningún interés contarlo. Quizás solo puedo decir que al final repetía una frase con una “honestidad brutal”: -porque vivir es jugar, y yo quiero seguir jugando-. Pero lo que sintió esa noche, fue distinto, y eso si vale la pena relatar

Durante el turno se sintió tan útil, le hacía falta sentirse valorado, no solo por las personas que agradecían su trabajo y preocupación, sino por él mismo.
Nunca supo qué luna había esa noche, pero probablemente fue luna llena, él lo sentía. Siempre se ha encontrado distinto a muchos por el don de fijarse en signos triviales de las personas, que ni ellos mismos notan, y lo peor de esta habilidad es que al hacerse consiente de los detalles se enamora y ama. (¿Por qué será que no le guste enamorarse de la gente?). Esa noche fue especial, vio detalles en todas las cosas, como nunca, “quizás ando muy sensible por mi asesina –pensó- ¿o será por la luna?”. Sin embargo, no le prestó mayor atención a lo que sucedía, tenia mucho trabajo, el lugar estaba repleto de gente y debía ser eficiente.

“Si no hay nada porque vivir, entonces buscás algo porque morir” había escuchado de la voz de fito esa mañana, y durante un respiro del trabajo, mientras charlaba con una señorita, pensó en aquellas personas que lo esperaban en el box, en las camillas del pabellón de cirugía y de la sala, y en cada detalle que los hacían únicos a cada uno (¡increíblemente parece que todo el mundo tiene detalles que los hacen especiales y amables!) y sin prestar mucha atención a la coqueta mujer que tenia a su lado, decidió morir por ellos. Un beso lo despertó de ese pensamiento, en realidad nunca supo quien fue el primero en juntar sus labios con los del otro, fue simultáneo. No sentía lo mismo por ella, que por la otra mujer que días antes lo había negado, pero quería amar, desesperadamente, a la primera persona que lo quisiese, lo desease, que lo aceptase. No sabía si esto iba a dejar que su herida dejase de sangrar, y en realidad no le importaba mucho, solo quería entregarse a quien pagase por él.

Pero la vida le guardaba algo más por enseñarle. Ya había pasado la mitad de la noche y atendía a un viejito lindo con su brazo podrido por una infección, el cual estaba más preocupado por que nadie de los suyos sabía que estaba en el hospital, que por perder su brazo compañero y trabajador, ¡que cosa más humana! Y pensar que había gente que ni se inmutaba por la preocupación del anciano. Buscando la ambulancia del veterano, para que le avisaran a los familiares de su condición, él oyó el timbre de paro, entonces la adrenalina le hizo que el corazón golpeara fuerte su pecho. Sabía donde debía dirigirse, y fue.

El pasillo se hace más largo cuando uno quiere llegar rápido – pensaba mientras aceleraba el paso. Llego y se encontró con alguien, alguien como él, como sus amigos, como la desconocida que amaba, como sus amantes, como irán a ser sus hijos, como sus padres, como sus enemigos, como su Dios. Estaba ahí en una camilla semisentado, sudoroso, respiraba a mil por hora, y tenía una cara sencilla, semi-angustiada y semi-tranquila, casi como resignada a la muerte, tenía esas manos de trabajador, duras y secas que le recuerdan a la portada de un disco de Víctor Jara, pero más le recuerdan a Carlos, trabajador del campo a quien le ayudo a construir su casa, una media agua.
La persona tiene una herida de bala en el pecho, y al saber que sangra internamente, los cirujanos, le evacuan casi dos litros de sangre del tórax. Es necesario operarlo para que pare de sangrar o si no se nos muere - dijo con seguridad, lo sabía bien porque precisamente para esto había estudiado y sacrificado tanto.
Mientras el paciente era trasladado a los pabellones, no pensaba en nada más que en ir rápido, sin embargo escucho la voz asfixiada de la persona que moría darle las gracias. (¡¿Darme las gracias?! , solo mi silencio puede entender lo mierda que me sentí… )

La cirugía no fue un éxito, había mucha sangre y se paró el corazón. El tórax estaba abierto y el ayudante fue designado durante un tiempo a que diera reanimación directamente, con el corazón en la mano.
Desde pequeño le encantaba la playa sobre todo en invierno, con sus padres y la arena, le encantaba tener frió con ese viento, sabiendo que un abrazo de aquellos hacía que entrara en calor. Sintió calor con el primer beso, no en el concreto, sino el primero que dio de verdad, sus brazos por primera vez. También sintió calor con su bisabuela cuando murió, esa vez el ardía por dentro y sin embargo ella estaba helada. Recordó el calor que sintió al hacer el amor, el calor del miedo cuando casi se ahoga en el mar, el miedo cuando toco guitarra por primera vez ante un público que lo escuchaba. El eterno calor y la piloereccion de los besos en su cuello, volvió a recordar cuando hacía el amor, eso mismo sintió cuando escucho por primera vez “¿donde están?” del Quilapayun, o la primera protesta a la que fue cuando estaba en el colegio. Recordó todo esto como una sola imagen al tomar el corazón caliente sin movimiento. Sintió entonces que el suyo latía con más fuerza, como intentándole traspasar los latidos a su compañero. Recordar esa imagen lo hace temblar de inmediato.

“Tener un corazón en las manos te hace especial, pero para nada orgulloso, porque en ese momento tu ego vale nada. Uno no sabe por qué al corazón se le atribuye tanto hasta que lo ves ahí, perfecto, robusto y decidido, si vuelvo a amar querría hacerlo con el corazón. Después de darte cuenta de lo real de la situación (¡el muere!) el miedo te inunda las entrañas, te paraliza, entonces te dejas envolver y luego ríes con violencia para romper el silencio, como ella te enseño a hacerlo. Entonces tienes que imitar su ritmo. ¡Cuantas canciones he intentado hacer en guitarra!, pero nunca imagine tener que hacer música de esta manera, con este propósito, que en realidad no es muy distinto a otras músicas, dar vida.

Sudé entero, tirité durante horas después, y es que te sientes tan pequeño, tan imperfecto, tan dudoso, que sientes que no mereces estar parado ahí.
Me regalaron un corazón, me dieron las gracias por anticipado, e intente hacer música con el mejor de mis ritmos, pero el silencio habló más y no pude hacer nada para salvarlo, nunca estuve tan cerca de la muerte, el dolor fue grande y avasallador, y es que lo amaba, independiente de quien fuera, que hiciera.

Volví a mi casa caminando, con un silencio que ni toda la música que llevaba me quitó, caminé lento porque no tenía apuro en llegar. Mi hogar estaba vacío, me desnudé para alivianarme la carga (estaba lleno de hermosos detalles) y me recosté en mi cama, estaba sólo. Sentí que había presenciado algo místico, había encontrado algo que había perdido y que busqué en lugares equivocados.
No saben cuanto desee que alguien estuviese ahí, no me importaba si no me entendia, solo deseaba que una princesa vampira comprendiera que necesitaba volverme chiquitito en sus pernas y recibir un cariño, quizás lloraría o quizás no.
Esa noche, sólo, en silencio, llore…”